Un olmo del parque, uno de esos que brotaron solos y llevan ya 6 o 7 años creciendo junto a la cancha de baloncesto, ha vuelto a sufrir un acto de vandalismo. No es un árbol cualquiera: forma parte de un pequeño grupo que nació sin ayuda, como un regalo de la propia naturaleza al barrio.

Quizá quienes lo dañaron fueron adolescentes que no pensaron en lo que estaban haciendo. Por eso este mensaje no busca señalar, sino invitar a reflexionar. Cada uno de esos olmos ha tardado años en crecer, en echar raíces, en convertirse en parte del paisaje que todos disfrutamos. Romperlos es perder tiempo, vida y futuro.

Ojalá quienes hicieron esto puedan detenerse un momento y ver ese grupo de olmos como lo que es: un pequeño milagro natural que solo necesita respeto para seguir creciendo. Cuidarlos es cuidar el lugar donde vivimos.

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